Marta mira el reloj y son las cinco de la mañana, busca un bolso y guarda un poco de ropa y en un maletín pone unos papeles y cartucheras con lápices y tizas. Mira de nuevo el reloj y siente que un auto toca la bocina, abre la puerta le hace seña que ya sale, termina de guardar la ropa en el bolso y mira la cama, la mesa, el escritorio como buscando algo.
Sale de la casa, le pone llave a
la puerta y se dirige al auto que la estaba esperando, se sube saludando.
-Hola Paula ¿Cómo estás? -le dice
Marta.
Hola, buen día -le contesta
Paula- ¿Todo listo? ¿No te olvidás nada? Mira que el viaje es largo y te quedas
varios días en la escuelita.
Paula es la directora de la
escuela rural en la “Siembrita”, en el Departamento Arauco, queda a 10
kilómetros de Aimogasta y para llegar
hay que atravesar varios pueblos. Marta es la maestra, ella se queda toda la
semana en el lugar porque no tiene vehículo y tampoco hay transporte para
llegar allí, por eso la directora la
lleva los lunes y la busca los viernes para traerla de nuevo a su casa.
Marta y Paula van charlando y
miran como cambian los paisajes desde que salieron de la ciudad, comienzan a recorrer los caminos de
tierra, todo lleno de montes y un árbol
cada tanto, hasta que llegan a un lugar
donde Marta se tiene que bajar y abrir una tranquera. Sus zapatillas se
llenaban de tierra y al abrir la tranquera le hace seña a Paula para que pase. Ahora no tan sólo sus zapatillas tienen
tierra sino toda la ropa que lleva porque al pasar el auto se levantó mucho
polvo. En esos lugares llueve muy poco y la tierra está muy seca.
Llegan a una zona, donde todo está como si
hubiera caído una bomba y destruyendo todo, las plantas arrancadas, algunas de
raíz, otras un poco arriba del
tronco. Paula la directora mueve la
cabeza.
-¡Qué desgracia! Mirá cómo dejaron el lugar
esta gente, para hacer carbón arrasaron con todos los árboles,
¡qué desgracia!-
Marta mira con tristeza y asiente con la cabeza
lo dicho por Paula.
Después de una hora de viaje
llegan al puesto donde hay unos cuatro ranchitos con corrales a los costados,
separados uno del otro, como una cuadra o más, y al final está la escuelita que
es la única que no es de barro. Tiene paredes de ladrillos, revocadas y pintada
de color durazno, en la entrada está el mástil y en una planta (Visco) está
colgada la campana, adentro hay tres habitaciones: una para la dirección, otra
donde los chicos toman clase y la principal (es la más grande) donde se
realizan los actos y festejos cuando el clima esta feo (frío, corre viento
fuerte, el sol quema).
Marta tiene una habitación al fondo de la
escuelita con una cama, una mesa de luz con un sol de noche a kerosén, una mesa de madera donde come y tiene todos
los libros y carpetas que utiliza para dar clase, una salamandra para cuando
este frío y tenga que calentar la pieza. Como no hay electricidad, tiene varios
paquetes de velas y cajas de fósforos. Afuera hay un bañito con un tacho de 200
litros con agua en el techo, que se llena con una manguera que baja de una loma
donde hay una represa que se llena con una vertiente natural.
Marta se baja del auto, mira para
la escuela y después se da vuelta,
saludó a dos chicas que vienen corriendo a saludarla.
-Hola señorita ¿Cómo está? ¿Cómo
fue el viaje? -le pregunta una de las niñas mientras que la otra la abraza
fuerte, la mira y no dice nada.
-Hola chicas, le contesta Marta -
¿Cómo están ustedes? Yo las extrañé mucho ¿y los otros chicos por dónde
andan?
Las chicas se miran y le dicen -
Nosotros también te extrañamos mucho, los otros chicos andaban por los
corrales, ya deben estar por venir.-
La escuelita tiene siete alumnos,
tres chicas y cuatros chicos. Mientras Marta y Paula van entrando a la escuela,
con las chicas que las acompañan, ven que los otros alumnos vienen corriendo
desde distintos lugares gritando y saludándolas, muy contentos, porque tanto la
señorita como la directora cuando llegan les traen algo de regalo (ropa,
caramelos, juguetes), que para ellos es lo más lindo.
Una vez adentro los chicos y las
señoritas se terminan de saludar y les entregan una bolsita para cada uno, la directora les dice -Guarden las cositas
que les trajimos, ahora nos vamos a formar y subir la Bandera para comenzar con
las clases.- Ellos, dejan todo debajo de los bancos de cada uno y salen al
patio a formar.
Marta llama a José y a Carlita para que suban
la Bandera, le dice a Carlitos que toque la campana, éste sale corriendo hasta
la planta donde está colgada y comienza a mover la cuerda para que la campana
comience a sonar y los otros chicos en fila miran como sube la Bandera
lentamente. Terminado el acto ingresan a la escuelita y pasan directo al aula,
cada uno en su banco esperando a la señorita, Marta los saluda de nuevo a todos
y les dice -Bueno hoy tendremos Matemática-, los chicos exclaman -“uhhh”- Y mientras ella sonríe les dice -Vamos, vamos a sacar el cuaderno.-
Paula está en la dirección
revisando unos papeles, cuando levanta la vista y mira para fuera por la
ventana ve pasar a lo lejos a uno de los padres de los chicos llevando los
cabritos a que tomen agua. Siente que un niño le habla -“Señorita Directora, la
señorita Marta me manda a buscar la escuadra y la regla.- Ella se levanta, abre
el armario y se lo entrega.
La mañana pasa rápido entre
clases y recreos ya es hora de que los chicos se vayan a su casa a comer y las
señoritas se quedan charlando, en el salón ponen la mesa y se sientan, cada una tiene ya preparada su comida que
trajeron desde su casa, hasta la botella con agua porque la que tienen en el
pueblo es muy salada y ellas no están acostumbradas y les hace mal.
Entre charla y silencio pasa el
almuerzo y Paula se prepara para regresar a Aimogasta. Marta se va a la piecita donde ella se
quedará para dejar algunas cosas y sacudir la cama, por las dudas no vaya haber
alguna sorpresa (arañas o cucarachas),
cuando estaba en eso siente que Paula la llama, sale y ésta le dice
-Bueno Marta, me voy, el viernes vuelvo como a esta hora para buscarte.
- Bueno, aquí voy a o estar
esperándola.- Se abrazan y Paula sube al auto, arranca, le toca bocina y se va
lentamente por el camino de tierra. Marta la mira con algo de tristeza y en
soledad ve como el auto se va alejando.
Queda todo en silencio de vez en
cuando se escucha un pájaro cantar entre los algarrobos y quebrachos que están
cerca de la escuelita Marta entra al dormitorio y se pone acomodar el bolso que
tiene su ropa, en un pequeño mueble y de vez en cuando mira por la ventana como
esperando que alguien llegue o que pase algo distinto en la quietud de la
siesta. Se recuesta un poco en la cama, mira el techo y piensa en las
actividades que tiene que hacer con los chicos durante la semana que recién
comienza y se duerme.
Son como las seis de la tarde y
se escucha a lo lejos a los chicos del puesto más cercano a la escuelita, que
entre juegos, van entrando los cabritos que solos regresan al corral porque
pronto se hará la noche. Marta esta levantada mirando desde lejos, tomando unos
mates con galletas que trajo de su casa,
ve cómo pasan las horas y la vida de esta gente, lejos del ruido y los
problemas de la ciudad, ellos tienen todo el tiempo para hacer las cosas y si
no las terminan, al otro día continúan, no hay apuro.
La tarde va llegan a La Siembrita
y Marta sigue sentada en la puerta de su dormitorio mirando como el sol entra
en el horizonte, cuando escucha la voz de una señora que la habla - “¿Cómo le
va señorita’ Se la ve muy pensativa ¿está todo bien?” Marta gira la cabeza hacia donde está la
señora le sonríe y le contesta - “Sí Doña Carmen, todo bien, sólo contemplo la
entrada del sol y el canto de los pájaros”.-
La señora sonríe y sigue su camino al rancho con unas ramas para hacer
fuego y calentar la comida para la cena.
La noche llega y en la piecita,
la maestra, tiene prendida una vela que
alumbra hasta fuera porque la noche es muy oscura sin luna. Hay muchas
estrellas, ve a las Tres Marías, el Oso y todas las figuras que unas conocía y
otras le parecían algún animal o personas.
Una tarde se levanta después de
una breve siesta y se pone a preparar en la mesita las cosas para tomar unos
mates, saca de un pequeño mueble la yerba, el azúcar, el mate y unas galletas,
cuando escucha a lo lejos que un niño la llama desesperadamente, se apresura a
salir de la pieza y ve a uno de sus alumnitos que venía corriendo, llamándola y
moviendo las manos.
- “¡Seño, Seño, rápido! ¡Venga,
mi hermano se cortó la pierna con el machete y mi madre me dijo que usted tiene
alcohol y venda para curar las heridas!”.
Marta inmediatamente ingresa a la
pieza buscando el botiquín que ella armó, trayendo de su casa algunas cosas y
otras que le dieron sus amigas y familiares, saca una caja blanca con una cruz
roja en la parte de arriba, sale corriendo junto a su alumnito mientras le
pregunta que le paso a su hermano y el niño entre asustado y agitado le cuenta
que estaba arreglando el corral de las cabras y al cortar unas ramas se pegó
con el filo del machete en la pierna y estaba perdiendo mucha sangre. La maestra
lo mira, mueve la cabeza y sigue corriendo hasta que llegan adonde se encuentra
el hermano del niño que esta con su madre. Ella le está apretando la pierna con
un trapo para que deje de sangrar. Marta le pregunta -¿es profunda la herida?- El la mira y no
dice nada, la madre le contesta –“Un poco, mire Seño-, saca el trapo y comienza
a salir sangre. Marta se arrodilla, le empieza a limpiar la herida y se da
cuenta que no es tan profunda, le sigue poniendo agua oxigenada (no quiere
ponerle alcohol porque le va arder mucho), una vez limpia la herida le coloca
un polvo cicatrizante y le venda la pierna, la mira a la madre y le dice -
“Menos mal que no es profunda la herida,
con lo que puse va andar bien ¿Tiene alguna cosa para calmar el dolor?”
La madre la mira y le contesta –“Sí tengo unos Genioles que me dieron la semana
pasada”- Marta mueve la cabeza y le deja una venda, agua oxigenada y cinta
-“Mire señora le dejo esto, mañana le limpia la herida y le cambia la venda”.-
La mamá le agradece y mira como
se aleja la seño Marta para escuela (su casa), al llegar guarda el botiquín,
pone agua en la pava, se sienta mirando la mesa y sonríe con algo de satisfacción y tristeza por el momento
vivido.
Así pasan los días de Marta, con
clases para los chicos durante la mañana y a la siesta, tarde y noche sola,
tomando unos mates y mirando desde lejos la vida en el pueblo. Los hombres
hachando o arreglando algún cerco de los corrales, niños dándole de comer a las
gallinas, las mujeres lavando alguna ropa... Y cuando se da cuenta, ya es
viernes y llega la Directora Paula en su auto a buscarla para que pase el fin
de semana en su casa. Ella sonríe y dice en voz baja -“Esta vez se me pasó
rápida la semana”.-
Termina la clase y los chicos la
abrazan, porque ya saben que se va y por dos días no la van a ver. Ella entre
abrazos les recuerda que tienen tarea para el fin de semana, para que no se
olviden. Y todos ríen y a coro le responden -¡Sí Señorita!
Marta sube al auto y mientras se va alejando
sonríe con algo de tristeza al dejar este lugar donde hay tanta tranquilidad.
EL NEGRO
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